martes, 18 de diciembre de 2007

El significado de la Navidad

Las existencias de las grandes personalidades son vividas con el fin de establecer el bienestar de la humanidad, la prosperidad y paz del mundo y la liberación individual de la esclavitud por los deseos y pasiones sensuales. Esto se comprueba en los extraños fenómenos que ocurren al momento de su advenimiento. Se cree que cuando Cristo nació, hubo tales manifestaciones. El rey había ordenado un censo y cada uno tenía que registrarse en su propio pueblo. María y su esposo iban por el camino que llevaba a su pueblo natal. María estaba encinta y los dolores empezaron a mitad del camino y como no conocían a nadie en la aldea por la que pasaban, se refugiaron en un establo. José la acomodó en el espacio que había entre dos vacas y salió a medianoche en busca de alguna mujer que pudiera ayudarlo. Pero de pronto, oyó el grito del niño.

Y, la historia dice, había una estrella en el cielo que cayó con una nueva luz, y esto guió a algunos tibetanos y a otros al lugar donde nació el Salvador. Esta historia es leída y tomada por cierta por muchos: aunque las estrellas no caen y ni siquiera se deslizan tan súbitamente. Lo que la historia significa es esto. Había una enorme aura de esplendor que iluminaba el cielo por encima de la aldea donde nació Cristo. Eso significa que había nacido aquel que iba a vencer la oscuridad del mal y la ignorancia, el que iba a difundir la Luz del Amor en el corazón del hombre y en los dirigentes de la humanidad. La aparición del resplandor y de otros signos para anunciar la era que se ha iniciado son naturales cuando se presentan las encarnaciones en la Tierra. Jesús habría de hacer añicos la oscuridad que había envuelto al mundo y el aura de luz era una señal que anunciaba el acontecimiento.

Los Maestros llegan en respuesta a la plegaria del hombre: Thamaso maa jyothir gamaya (¡Guíanos de la oscuridad hacia la Luz!)

Jesús enseñó sencillas y prácticas lecciones sobre elevación espiritual para el bien de la humanidad; Él manifestó poderes divinos para infundir fe en la validez de sus enseñanzas y señaló el camino que puede conferir a los hombres el dulce néctar de la bienaventuranza. Además, exhortó a la gente, por medio del precepto y del ejemplo, a cultivar las virtudes de caridad, paciencia, amor y fe. Estas son cualidades separadas y diferentes, sólo son las diversas facetas de la Divinidad en el hombre, que éste tiene que reconocer y desarrollar.

La gente habla del sacrificio de Cristo según se evidencia por su crucifixión. Sin embargo, estaba apresado y atado, y fue coronado con espinas por la turba que lo capturó; poco después, fue clavado en la cruz por sus captores. Una persona atada y golpeada por sus enemigos, no puede decirse que haya sacrificado algo, porque no es libre. Pongamos atención al sacrificio que Jesús hizo por su propia voluntad mientras estaba libre. Él sacrificó felicidad, prosperidad, bienestar, seguridad y posición, enfrentó la hostilidad de los poderosos, rehusó ceder o transigir y renunció al ego, lo cual es muy difícil de lograr. Venérenlo por esto.

La Navidad debe ser celebrada sacrificando por lo menos uno o dos deseos y sometiendo al menos los más nocivos impulsos del ego.

Cuando celebramos el nacimiento de Cristo, decidan llevar una vida de amoroso servicio al débil, al desvalido, al angustiado, al desconsolado. Cultiven tolerancia y paciencia, caridad y magnanimidad. Atesoren los ideales que Él estableció y practíquenlos en su vida cotidiana. Hagan puros sus corazones, santas sus actividades y benéficos sus sentimientos hacia todos. Esa es la mejor manera de celebrar el nacimiento de Cristo.

Bhagavan Sri Sathya Sai Baba


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